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Cómo tratar a personas difíciles en el trabajo

Los factores personales tienen gran importancia en algunas situaciones. El choque de personalidades se produce cuando dos personas tienen planteamientos divergentes. Es en estas circunstancias donde los Roles de Equipo contrarios nos pueden dar muchas pistas para solucionar el problema.

Un Investigador de Recursos será una persona abierta y dinámica mientras que un Finalizador será más conservador y reticente a abandonar una tarea hasta que se haya alcanzado de manera satisfactoria una meta concreta. Lo más probable es que ambos se irriten mutuamente. De igual manera, un Cerebro explora nuevas ideas mientras que a un Implementador le preocupan más los aspectos prácticos.

En ambos casos, existe un margen para que estos caracteres tan distintos puedan trabajar juntos, siempre y cuando cada uno de ellos comprenda y valore el rol del otro. Los problemas llegan cuando no se respetan las aportaciones diferentes del otro. Encontrar un objetivo común puede permitir a ambas personas desempeñar funciones diferentes en el equipo.

Si no se puede marcar un objetivo común y se carece de respeto mutuo, es probable que esta pareja laboral no funcione. En este caso, sería mejor que estas personas trabajasen por separado, independientemente de sus talentos personales.

Cómo tratar con personas difíciles en el trabajo

Ciertas personas difíciles solo lo son a los ojos de algunos. Sin embargo, hay otras personas que parecen capaces de trabajar bien con ellos. La diferencia radica en que estos últimos son capaces de adaptar mejor su comportamiento para adecuarse a la persona supuestamente difícil.

Si te encuentras en conflicto con alguien difícil, pregúntate: ¿está justificado este comportamiento? ¿Lo han provocado mis palabras o acciones? ¿Cambiaría su comportamiento si yo hubiera reaccionado de un modo distinto?

Conseguir llevarse bien con personas difíciles depende de la capacidad que se tenga para enfocar las relaciones personales de manera diferente según el caso. Un vendedor exitoso entiende esto y se puede adaptar para sacar el máximo partido a cada relación. Aquellos que aprenden a adaptarse a sus clientes a menudo consiguen buenos resultados.

Si nuestro interlocutor telefónico es precavido y preguntón, sería imprudente apresurarle a tomar una decisión. Por el contrario, si el tiempo de alguien es limitado y necesita llegar al quid de la cuestión lo antes posible, no tendría sentido extenderse en tecnicismos.

En casos extremos, cabe la posibilidad de que algunas personas sean realmente difíciles. Y lo son porque llevan a los demás al límite, demasiado lejos como para trabajar de manera eficaz con ellos. Sea como fuere siempre se podrá avanzar en la relación siendo una persona que ayuda a los demás y tratándolos como desearían ser tratados y no como uno desearía ser tratado.

Demasiadas personas ocupando el mismo espacio

Algunos tipos de dificultades son producto no de personalidades distintas sino de la situación laboral en que se encuentran dos o más personas. Hay quienes pueden parecer difíciles porque sus objetivos chocan.

El operario de una máquina puede tener un objetivo de producción, mientras que el trabajo de un inspector consiste en garantizar que se cumplen unos estándares de calidad. El objetivo principal de un agente inmobiliario será ensalzar las cualidades de una casa, mientras que el perito contratado por el posible comprador buscará cualquier defecto en el edificio, a menudo con el objetivo de reducir el precio de venta. Es poco probable que a alguno de ellos le impresionen los argumentos del otro.

Esto no significa que sean personas difíciles, sino que están envueltas en una situación difícil. La recomendación es que cuando un conflicto de intereses separe a dos partes, las conversaciones subsecuentes no se conviertan nunca en algo personal. Solo despersonalizando la situación se podrá llegar a un acuerdo.

Los problemas a menudo surgen no porque las personas difieran, sino porque son demasiado similares. Comparten los mismos intereses, poseen talentos similares y adoptan el mismo enfoque. El resultado es que se pisan el terreno, tienen dificultades para establecer su propia identidad personal y no logran beneficiarse de las ventajas potenciales de la simbiosis. Se sienten incómodas pero no tienen motivos para quejarse.

La sociedad humana se ha desarrollado fomentando la diversidad a través de la división del trabajo. Cuanto mayor sea la unidad social o comunitaria, más sutil se vuelve esta división del trabajo. Una masa indiferenciada nunca puede ser productiva. La creación de diferentes puestos de trabajo claramente definidos, ofrece los medios necesarios para hacer frente a esta cuestión. De ahí que cuando las personas comparten las tareas, las diferencias naturales que se constatan en los Roles de Equipo pueden resolver el problema de identidad al mismo tiempo que incrementan su sinergia productiva.

Es necesario que los equipos aprendan el lenguaje de los Roles de Equipo para que puedan trabajar de forma cooperativa, aunque manteniendo su individualidad y aptitudes naturales. Por ejemplo, un Coordinador y un Impulsor que luchan por dominar un proyecto pueden llegar a apreciar sus respectivos enfoques cuando estos se expresan en el lenguaje de los Roles de Equipo. Sin este lenguaje compartido, el riesgo de que se produzca un ataque personal es mayor.

Aprender a usar los conceptos clave de los Roles de Equipo de manera flexible es esencial para desarrollar las habilidades que hacen posible el buen trabajo en equipo.

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