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El trabajo híbrido ha transformado la manera en que funcionan las organizaciones.

Lo que comenzó siendo una necesidad para muchas organizaciones se ha convertido en una característica permanente de la vida laboral. Para muchos trabajadores, las ventajas son evidentes. Una mayor flexibilidad, una mejor conciliación entre la vida laboral y personal y la posibilidad de trabajar con menos interrupciones han permitido a las personas organizar su trabajo de una manera que se adapta tanto a su puesto como a sus circunstancias personales.

Sin embargo, aunque el trabajo híbrido parece estar funcionando bien para muchas personas, la investigación más reciente de Belbin indica que la situación es más compleja cuando se analiza desde la perspectiva de los equipos.

Muchas organizaciones han avanzado considerablemente en el apoyo a la eficacia y la implicación de cada persona. Sin embargo, parece más difícil construir y mantener equipos sólidos, cohesionados y conectados.

La productividad es alta, pero la implicación con el equipo sigue siendo un reto.

Gran parte del debate sobre el trabajo híbrido se ha centrado en la productividad. Las primeras preocupaciones acerca de que los empleados que trabajan a distancia o en modalidad híbrida tendrían dificultades para mantener su eficacia han disminuido en gran medida.

Nuestra investigación reveló que la mayoría de las personas encuestadas se consideraban eficaces en su puesto, independientemente del lugar desde el que trabajaran. La implicación individual también se ha recuperado considerablemente en comparación con los resultados de estudios anteriores realizados durante la pandemia.

Sin embargo, la situación era diferente cuando analizábamos la implicación desde la perspectiva del equipo.

Aunque muchas de las personas encuestadas afirmaron sentirse implicadas con su trabajo en ambas modalidades, fueron significativamente menos las que dijeron sentirse igual de implicadas con su equipo.

Casi la mitad afirmó sentir una mayor conexión e implicación con su equipo cuando trabajaba presencialmente junto a sus compañeros.

Esta distinción es importante. La eficacia individual y la eficacia de un equipo están estrechamente relacionadas, pero no son lo mismo. Una organización puede contar con personas muy productivas y, aun así, tener dificultades para lograr la cohesión, la alineación de objetivos y la colaboración entre sus equipos.

Conclusión de la investigación

Casi la mitad de las personas encuestadas afirmó sentir una mayor implicación con su equipo cuando trabajaba presencialmente junto a sus compañeros.

Por qué sigue siendo difícil mantener la conexión entre los miembros de un equipo

Uno de los aspectos más destacados de la investigación fue la diferencia entre realizar el trabajo y sentirse conectado con los demás. Muchos aspectos del rendimiento individual pueden verse favorecidos por el trabajo híbrido. Las tareas que requieren concentración, el análisis, la planificación y la resolución autónoma de problemas suelen beneficiarse de disponer de tiempo sin interrupciones y de una mayor flexibilidad.

Las relaciones dentro de un equipo se desarrollan de otra manera.

La confianza, el entendimiento mutuo y el sentimiento de pertenencia suelen construirse mediante las interacciones cotidianas que se producen alrededor del trabajo formal, más que durante su realización. Las conversaciones informales, la resolución espontánea de problemas y las oportunidades de observar cómo trabajan los compañeros contribuyen a que los equipos funcionen eficazmente.

Estas interacciones pueden ser más difíciles de reproducir en entornos de trabajo híbridos, especialmente cuando se crean equipos nuevos o cuando una persona se incorpora a un equipo que ya está consolidado.

La investigación constató que las personas recién incorporadas, en particular, afirmaban experimentar una mejor comunicación, una mayor implicación con el equipo y una conexión más estrecha con la cultura organizativa cuando pasaban tiempo presencialmente con sus compañeros.

Esto sugiere que las organizaciones quizá deban replantearse cómo construyen las relaciones y desarrollan la cohesión cuando sus empleados no comparten habitualmente un mismo espacio físico.

 

La experiencia del trabajo híbrido varía en función de nuestras fortalezas.

La investigación también pone de relieve un aspecto importante que a veces se pasa por alto en los debates sobre el trabajo híbrido: no todas las personas lo viven de la misma manera.

Al analizar las respuestas según los Roles de Equipo, aparecieron diferencias claras.

Las personas que desempeñan los Roles de Equipo de Coordinador e Impulsor tendían a valorar más positivamente el trabajo presencial, compartiendo un mismo espacio físico. Dado que estos Roles suelen implicar reunir a las personas, facilitar la colaboración y mantener el ritmo de trabajo, quizá no resulte sorprendente que valoren más trabajar junto a los demás.

Por el contrario, las personas que desempeñan los Roles de Equipo de Implementador y Especialista tendían a valorar más positivamente el trabajo a distancia y el trabajo híbrido. La posibilidad de concentrarse, trabajar de forma sistemática y dedicar tiempo a las tareas sin interrupciones parece encajar mejor con la manera en que estas personas prefieren contribuir.

Estas diferencias nos recuerdan que el trabajo híbrido no es únicamente una cuestión de ubicación. También tiene que ver con la forma en que cada persona contribuye al equipo.

Comprender cómo trabaja cada persona con mayor eficacia puede ayudar a las organizaciones a tomar decisiones mejor fundamentadas sobre cuándo resulta beneficioso que los equipos trabajen juntos y cuándo puede ser preferible el trabajo individual.

¿Qué hacen de forma diferente las organizaciones que tienen éxito?

Otro hallazgo significativo fue la relación entre la cultura organizativa y la experiencia de los empleados.

Las personas que percibían que su organización valoraba positivamente el trabajo híbrido afirmaban sistemáticamente tener mayores niveles de eficacia e implicación que aquellas que trabajaban en organizaciones donde el trabajo a distancia y el híbrido se consideraban negativamente.

Este hallazgo sugiere que el éxito del trabajo híbrido depende de algo más que de establecer una política al respecto. La confianza, la autonomía y la claridad de las expectativas parecen influir en cómo viven las personas estas modalidades de trabajo.

Al mismo tiempo, la investigación indica que mantener una actitud positiva hacia el trabajo híbrido no es suficiente por sí solo. Incluso en organizaciones que lo apoyan, muchas personas encuestadas afirmaron sentirse más conectadas con su equipo y con la cultura organizativa cuando compartían tiempo presencialmente con sus compañeros.

La conclusión es que la flexibilidad y la conexión entre las personas no deben considerarse prioridades contrapuestas. Ambas requieren una atención consciente y deliberada para que el trabajo híbrido sea eficaz a largo plazo.

La flexibilidad sigue siendo importante. La conexión entre las personas también. El reto consiste en reconocer que ambas son esenciales para mantener un rendimiento sostenible de los equipos.

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Diseñar la colaboración de forma intencionada.

Quizá la lección más importante de la investigación sea que el trabajo híbrido funciona mejor cuando las organizaciones reflexionan detenidamente sobre la finalidad de las distintas modalidades de trabajo.

Muchas de las personas encuestadas describieron situaciones en las que acudían a la oficina únicamente para pasar el día realizando videollamadas, o llegaban y descubrían que apenas había compañeros presentes. Otras explicaron que realizaban a distancia tareas colaborativas que quizá podrían haberse llevado a cabo de forma más eficaz presencialmente.

Estas experiencias apuntan a una cuestión más amplia. A menudo, el debate se plantea en términos de dónde deberían trabajar las personas, cuando quizá la pregunta más útil sea qué tipo de trabajo están realizando.

El trabajo individual que requiere concentración puede adaptarse muy bien a los entornos de trabajo a distancia. En cambio, las actividades que dependen del debate, la creación de relaciones, la incorporación de nuevos empleados, el pensamiento creativo o la toma de decisiones colectivas pueden beneficiarse de que las personas pasen tiempo juntas.

Las organizaciones que abordan el trabajo híbrido de esta manera suelen preocuparse menos por la asistencia en sí misma y más por garantizar que las personas estén en el lugar adecuado, con los compañeros adecuados y por los motivos adecuados.

Mirando hacia el futuro.

El debate sobre el trabajo híbrido ha evolucionado considerablemente en los últimos años.

Los datos indican cada vez con mayor claridad que la mayoría de las organizaciones han encontrado maneras de favorecer la eficacia individual en un entorno híbrido. La tarea más difícil consiste en garantizar que los equipos mantengan su conexión, cohesión y alineación a lo largo del tiempo.

Esto es especialmente importante a medida que los lugares de trabajo se distribuyen geográficamente cada vez más y las personas cambian con mayor frecuencia de equipo, proyecto y organización.

Las organizaciones con mayores probabilidades de éxito serán aquellas que reconozcan que la productividad por sí sola no es suficiente. El trabajo en equipo eficaz depende de las relaciones, la comunicación y el entendimiento compartido, aspectos que requieren una atención especial en los entornos híbridos.

La flexibilidad sigue siendo importante. La conexión entre las personas también.

El reto consiste en reconocer que ambas son esenciales para mantener un rendimiento sostenible de los equipos.

Parte de un debate más amplio.

Este artículo destaca uno de los temas que se analizan en El futuro del trabajo en equipo 2027.

En conjunto, los artículos de esta serie examinan cómo la inteligencia artificial, las cambiantes expectativas de los trabajadores, el trabajo híbrido y la diversidad de comportamientos están configurando el futuro del trabajo en equipo.

Para seguir leyendo:

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